Publicada el 26 de Febrero del 2010
Un recorrido por la obra del gran pintor impresionista francés planteado desde una perspectiva diferente y hasta ahora nunca vista en el contexto de una exposición temporal de esta envergadura: la de su relación con el desarrollo de la abstracción en la segunda mitad del siglo XX.
Desde sus etéreos paisajes londinenses hasta las monumentales representaciones de su jardín de Giverny, donde pasó los últimos cuarenta años de su vida, la muestra analizará cómo la permanente obsesión de Claude Monet por captar la instantaneidad le llevó a desdibujar la representación pictórica y le condujo prácticamente a las puertas de la abstracción; y cómo, a mediados del siglo pasado, la joven generación de pintores abstractos americanos y europeos redescubre su arte, le encumbra como profeta indiscutible de las corrientes matéricas de la abstracción, situándole definitivamente en el lugar fundamental que hoy en día ocupa en la historia del arte.
Jackson Pollock, Mark Rothko, Willem de Kooning, Sam Francis, Joan Mitchell, Adolph Gottlieb, André Masson, Philip Guston o Gerhard Richter, entre otros, fueron algunos de estos jóvenes artistas que volvieron la vista hacia Monet. El arte de Claude Monet bajo esta nueva luz, permite analizar la importante influencia del pintor francés en el desarrollo de ciertos aspectos de la abstracción de la segunda mitad del siglo XX y, por tanto, su papel fundamental en el desarrollo de la modernidad.
En total, más de un centenar de obras se han logrado reunir para este nuevo proyecto conjunto del Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid, que ha contado también en esta ocasión con la imprescindible colaboración del Musée Marmottan Monet de París, donde se presentará la muestra en el verano de 2010, tras su paso por Madrid. El museo parisino ha cedido para la ocasión una magnífica selección del importante legado del pintor francés que conserva en sus fondos. Destacan igualmente los préstamos de numerosos museos y colecciones particulares de todo el mundo, principalmente de Europa y Estados Unidos.
Monet fue sin duda el más representativo y prolífico de los impresionistas franceses, pero fue también el más independiente e innovador. La obsesión por captar la instantaneidad, su preocupación por cuestiones como la percepción de la naturaleza, o la necesidad de expresar su experiencia personal por medios meramente pictóricos, llevaron a Monet a desdibujar la representación pictórica convirtiéndola en una atmósfera prácticamente abstracta. Su muerte, en diciembre de 1926, pasó prácticamente desapercibida en el ambiente artístico contemporáneo; sus Grandes Decorations de la serie Nenúfares, donadas al Estado francés por el propio pintor en 1918 e inauguradas en 1927, un año después de su fallecimiento, permanecieron durante décadas olvidadas en el Musée de l’Orangerie de París.
En las primeras décadas del siglo XX se habían impuesto las nuevas tendencias de vanguardia basadas principalmente en el concepto de “construcción”, por lo que su obra, como la de la mayoría de los pintores impresionistas excepto Paul Cézanne, se consideraba anacrónica y quedó sumida en el olvido. El redescubrimiento de Monet no se produce hasta mediados del siglo XX, cuando los jóvenes artistas del triunfante expresionismo abstracto americano comenzaron a contemplar sus obras con una nueva mirada. La materialidad de su pintura, su técnica “all-over”, sus pinceladas sueltas y sus formas desdibujadas fueron una auténtica revelación tanto para la joven generación de abstractos americanos como para los seguidores de los informalismos europeos.
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