Publicada el 10 de Febrero del 2008
La exposición retrospectiva dedicada a Eduardo Arroyo muestra su trabajo de los diez últimos años. A través de 30 cuadros y 17 esculturas se evidencia la evolución de este artista, uno de los más representativos del arte español contemporáneo, durante una época en la que ha desarrollado una intensa creatividad y ha alcanzado una gran proyección internacional.
Resulta especialmente significativa la importancia de la escultura en esta muestra. En estos últimos años, Arroyo ha desarrollado un universo escultórico de referencias sencillas y con resonancias totémicas y míticas: cabezas de chivo, buey, vaca o carnero en bloques de piedra de la comarca de Laciana (León), donde tiene su estudio de escultor.
El catálogo editado con motivo de la exposición se ilustra con reproducciones de las obras expuestas e incluye textos de la directora del museo, Consuelo Císcar, y de Marcos-Ricardo Barnatán, escritor y crítico de arte, que ha comisariado la actual retrospectiva.
Eduardo Arroyo (Madrid, 1937) ha realizado su obra dentro de una corriente de figuración crítica y literaria de una enorme originalidad. Tras una inicial vocación literaria, que no abandonaría con el paso del tiempo y le llevó a formarse como periodista, se trasladó a París en busca del clima de libertad que no encontraba en España. En 1963 expuso en la III Bienal de París como parte del grupo L’Abbatoir. Caracterizada inicialmente por un uso matérico del color, su obra evolucionó hacia una técnica que se identificaría con el “pop art”: un intenso cromatismo, una aplicación más plana de la pintura y un rico vocabulario iconográfico que le permitía satirizar y criticar la cultura, la política y la sociedad de su época. Su oposición a la dictadura le llevó a ser expulsado de España en 1974 y hasta la llegada de un gobierno democrático, en 1976, no recuperaría su pasaporte. En 1982 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas, y ese mismo año presentó una retrospectiva en el Centre Pompidou de París.
La exposición que ahora presenta el IVAM se inicia cronológicamente en 1998 –año en que el Museo Nacional Centro Reina Sofía dedicó a Arroyo una gran retrospectiva- y abarca los diez últimos años de su producción, poniendo un especial énfasis en las grandes pinturas de esa etapa y en sus esculturas, en su gran mayoría inéditas.
El notable peso de la escultura es uno de los rasgos más significativos de esta muestra. La escultura de Eduardo Arroyo, del mismo modo que su pintura, es literaria, su interés por los contenidos se desarrolla en una obra cargada de significados. El artista se apropia de la tradición, de los mitos y los emblemas, para narrar su propia historia referida directamente o de una manera ambigua, al presente, empleando complejas metáforas plásticas en constante evolución. En su obra más reciente predominan historias europeas, desde los cuentos de hadas a la patrística, desde la mística a los iconos de masas, con unos leit-motivs muy precisos. Estas imágenes son preocupaciones recurrentes, que enlazan con el núcleo metafórico de su obra anterior. La nueva serie Fantomas es un ejemplo de apropiación de un tema y también de soportes previos –cuadro sobre cuadros- enfrentados muchas veces a la manera más reconocible del pintor.
El IVAM ha organizado un Taller didáctico en el que se aborda el proceso creativo y multidisciplinar de la obra de Eduardo Arroyo.
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