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Juan Millás. A grove of trees from a point of view.

El Museo Nacional del Romanticismo de Madrid nos muestra una aproximación fotográfica y audiovisual a "ese sueño colectivo que llamamos ‘paisaje’" de la mano de Juan Millás. El autor relaciona diferentes temáticas históricas sobre percepción del paisaje y establece una comparativa conceptual entre la cámara oscura y el menhir prehistórico. La exposición propone al espectador una inmersión en el universo intangible de las representaciones ópticas.

Point de vue’, ‘point of view’, ‘punto de vista’, tal fue la denominación que eligieron los precursores de la fotografía (Niépce, Daguerre, Talbot) para designar las imágenes que esperaban producir con sus cámaras. Sustituye a nuestra palabra actual, “fotografía”. ‘Vista’ y ‘punto de vista’ fueron términos constantemente empleados en las publicaciones y exhibiciones de los salones fotográficos a mediados del siglo XIX, conceptos que no se refieren tanto a la reproducción gráfica del mundo exterior como a la creación de una sensación especular: «Un estado de euforia similar al sueño» (Rosalind E. Krauss), a modo de alucinación o experiencia óptica donde se escinden lo tangible y lo visual.

Si el uso de la cámara oscura favoreció a comienzos del siglo XIX el encuentro con ‘el paisaje’, miles de años antes el ser humano desplegó otras aptitudes para relacionarse con su entorno. Francesco Careri, autor de Walkscapes: el andar como práctica estética (Gustavo Gili), señala que la aparición del menhir (primer objeto del paisaje) posibilitó adentrarse en los territorios del caos y sentar las bases de la arquitectura. Lo atractivo del estudio de Careri sobre el monolito prehistórico es que lo presenta como  un instrumento estético capaz de describir y modificar el espacio. Idea que rememora el funcionamiento de la cámara oscura y los dispositivos ópticos románticos, pues en ambos casos se establece un campo de visión o punto de vista, lo que procura una relación subjetiva del individuo con el medio percibido. Sabemos que la distancia histórica y cultural entre el menhir y la cámara es excesiva, pero nos interesa el sentimiento de extrañeza que despierta la comparativa entre ambos modelos. Pues admite una aproximación creativa y un intento de comprensión de ese sueño colectivo que llamamos ‘paisaje’.

 Las imágenes de esta exposición han sido realizadas en diferentes parajes del condado inglés de Wiltshire y en la región francesa de Bretaña, donde el encuentro con el menhir siempre evocaba la visión de una herida abierta en la frondosidad vegetal. La piedra se recortaba entre los árboles como una sombra pintada en el bosque, un sfumatto oscuro lleno de presagios sobre la separación atávica entre el mundo humano y el mundo natural.