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Carteles de la Revolución

La Colección del Museo Ruso de Málaga acoge la exposición “Carteles de la Revolución”, una selección de carteles propagandísticos que jugaron  un  papel  clave  en  la  movilización  del  pueblo  ruso  y  que  son  la  máxima  y  más sencilla expresión de los movimientos artísticos imperantes en el momento. Además de los carteles, la exposición contará también con una serie de fotografías que inmortalizan algunos de los momentos más importantes de la Revolución, pudiendo encontrar imágenes tan insólitas como el caótico estado de las habitaciones del Palacio de Invierno después del asalto de los bolcheviques o las multitudinarias manifestaciones en las calles rusas.

Los carteles propagandísticos comunistas se caracterizan por unos diseños sencillos pero de  naturaleza  impactante,  recurriendo  a  proclamas  breves  y  combativas  comprensibles para las clases populares, actores clave en el movimiento revolucionario.  

En ellos se representa el poder del pueblo, siendo protagonizados por campesinos y obreros, así como por el Ejército Rojo. Los atributos más recurrentes en los mismos son los inherentes al campesinado, como la hoz, el martillo, la azada y el arado, haciendo un llamamiento al empoderamiento de las clases bajas y la lucha contra la burguesía internacional.

Los temas más recurrentes en la cartelería de la Rusia soviética son la Guerra Civil entre el Ejército Rojo y el Blanco, la lucha contra la burguesía dentro y fuera de sus fronteras, la propaganda antirreligiosa y aquellos problemas más acuciantes para el pueblo: hambre, analfabetismo, pobreza y caos.

Entre la selección de cartelería se observan dos vertientes temáticas, una  enfocada hacia la consecución de un futuro esperanzador para el país y otra centrada en el llamamiento del pueblo a la lucha obrera. En ambas vertientes puede observarse una latente simbología.  El  rojo  es  el  color  predominante,  una  alusión  a  la  sangre  derramada  en  la  lucha por los derechos del pueblo desde el Domingo Sangriento y durante años de revolución proletaria.  La  bandera  roja  es  también  un  elemento  reiterado  en  los  carteles.  Además pueden observarse otros elementos simbólicos comunes, como son las cadenas como metáfora de la opresión por parte del poder y el sol como referencia a un futuro radiante y esperanzador.

Los  carteles  revolucionarios  además  de  un  medio  de  comunicación  fundamental  en  el movimiento  comunista  estrechamente  ligado  al  desarrollo  de  su  historia,  también  son una expresión artística que dista de las manifestaciones tradicionales. Estas piezas artísticas parten de una estética popular y se nutren de las vanguardias rusas y de influencias modernistas para crear composiciones impactantes que lleguen a todo el público y que consigan generar sentimientos de hermanamiento y rebelión.

El auge de la cartelería como instrumento propagandístico fue favorecido por la puesta en marcha de la Agencia Telegráfica Rusa (ROSTA) con sede en Moscú y delegaciones en ciudades como Petrogrado – en la actualidad San Petersburgo-. Su metodología consistía en componer mensajes basados en una transmisión telegráfica con directrices políticas y  dárselos  a  un  artista  para  que  interpretase  dichos  lemas  visualmente. Aunque  en  su origen esta expresión artística es concebida como instrumento de propaganda zarista de exaltación del imperalismo y con una intencionalidad belicista favorable a su intervención en la I Guerra Mundial, los revolucionarios se dan cuenta de su poder para llegar a todo tipo  de  público,  incluido  un  amplio  porcentaje  de  población  analfabeta  y  comienzan a usar la cartelería a su favor.

En  la  producción  artística  de  los  carteles  revolucionarios  toman  parte  algunos  artistas destacados de la época, representantes de las vanguardias que acogen con entusiasmo la Revolución  de  Octubre  como  Kozlinski,  Lébedev  o  Kochergin,  que  pusieron  su  acento personal sobre la base de las proclamas revolucionarias, creando composiciones innovadoras  y  vanguardistas  que  potenciaban  el  mensaje  comunista.  Los  artistas  vieron  en  el  cartelismo  revolucionario  un  medio  de  expresión  artística  y  experimentación  creativa, creando algunas obras  que forman ya parte de la historia y la cultura rusas.