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A contratiempo. Medio siglo de artistas valencianas (1929-1980)

El IVAM presenta la exposición "A contratiempo. Medio siglo de artistas valencianas (1929-1980)" que recrea el lento y espinoso camino que las artistas valencianas tuvieron que recorrer para conquistar su visibilidad y profesionalización desde el final de la dictadura de Primo de Rivera, la II República, la Guerra Civil, el franquismo y la transición democrática. Algo más de cincuenta años de una tumultuosa historia preñada de tensiones políticas, sociales y económicas en el que a través de las obras de arte se cuestiona cómo les afectó la circunstancia de ser mujer, así como la discriminación y la desigualdad.

La exposición incluye 240 obras y se divide en dos grandes bloques. El primero de ellos, Una generación perdida: II República, Guerra Civil y exilio reúne obras realizadas en esta etapa por artistas como Manuela Ballester, Elisa Piqueras, Gerda Taro, Tina Modotti, Kati Horna, Juana Francisca, Pitti Bartolozzi, Alma Tapia, Amparo Segarra, Eugenio Granell y Josep Renau.

El segundo bloque titulado Dictadura y transición agrupa las piezas producidas durante la dictadura franquista y la transición democrática de artistas como Juana Francés, Eva Mus, Jacinta Gil, Fernando Mañez, Ana Peters, Carmen Calvo, Isabel Oliver, Ángela García Codoñer, Victoria Civera y Juan Uslé, Cecilia Bartolomé, José J. Bartolomé, María Montes, Josep Lluís Seguí, Monika Buch, Milagros Lambert, Rosa Torres, Soledad Sevilla, Ángeles Marco, Cristina Grau, Ana Torralva, Pepa García, Victoria García, María Dolores Casanova.

La muestra incluye obras de artistas valencianas que realizaron en colaboración con artistas varones, que en muchos casos eran sus parejas. Ésta era una práctica que en ocasiones venía dada por razones económicas –así es el caso de los carteles de cine mexicano de Manuela Ballester y Josep Renau-, en otros porque resultaba interesante trabajar al alimón, como reflejan los fotomontajes de Amparo Segarra y Eugenio Granell en su exilio en Puerto Rico. Ya en los años 70 la razón suele ser distinta ya que deriva del auge de los colectivos artísticos en las décadas anteriores. Así podemos leer la obra conjunta de Cecilia Bartolomé y su hermano José Juan, María Montes y Josep Lluís Seguí, o la de Victoria Civera y Juan Uslé.

 

Una generación perdida: II República, Guerra Civil y exilio.

La portada de la revista Blanco y Negro encargada a Manuela Ballester en 1929 marca el inicio de la muestra. Puede entenderse como un símbolo de rebeldía contra el academicismo reinante en Valencia, una disputa que continuará de forma contundente durante la República en unos trabajos escasamente vistos.

La exposición sigue con aquellas artistas, como Elisa Piqueras o Amparo Segarra, cuya formación e inicio profesional tuvo lugar en esta década, algunas de las cuales, como participantes en la defensa de la II República, realizaron gran parte de su obra en el exilio. Su producción en medios perecederos y precarios durante la guerra -un magnífico campo de pruebas que abrió inéditas posibilidades para las mujeres-, y su acelerada salida de España prácticamente con lo puesto, determinaron que –de forma similar a lo ocurrido con sus colegas varones- casi todo se haya perdido.

Además, este apartado incluye autoras que sin ser valencianas por nacimiento tuvieron una residencia extendida en el tiempo o bien en momentos puntuales pero climáticos de la historia reciente valenciana, como es el caso de Juana Francisca y Pitti Bartolozzi, cartelistas e ilustradoras antifascistas, y también de las foto reporteras extranjeras Tina Modotti, Gerda Taro y Kati Horna durante el periodo en el que Valencia fue capital de la República durante la Guerra.


Dictadura y transición.

Este período, en el que se vivió un retroceso feroz en lo que respecta a los derechos y libertades de las mujeres, ocupa la mayor parte de la exposición. Una etapa que en la muestra se ha estructurado en cuatro apartados:

1. Los cuerpos en disputa
Presenta el nuevo imaginario que las valencianas de esta generación empiezan a construir ante la existencia de estereotipos de feminidad, reducidos fundamentalmente a los de la mujer sumisa y la vampiresa.

2. Espacio, participación y conciencia creativa
Reúne trabajos que incitaban a la participación o la generación de conciencias creativas críticas como instrumentos para lograr una masa ciudadana numerosa que consiguiera tumbar el Régimen.

3. Prácticas de resistencia antifranquista: de la Historia a las historias
Reúne obras que evidencian que, a partir de los años 60, las manifestaciones artísticas se convirtieron en un espacio de resistencia política.

4. “De profesión, sus labores”
Exhibe los trabajos de artesanía, tradicionalmente considerados femeninos, a los que volvían muchas artistas valencianas de los 70 como fórmula de ahuyentar demonios o como tributo a las posibilidades creativas, reactivas, generadas en la jaula de oro del hogar.

La muestra se cierra en 1980, durante la transición democrática, con dos acontecimientos notorios: por un lado, Carmen Calvo expondrá en una de las instituciones artísticas de mayor reconocimiento internacional, el Guggenheim de Nueva York, en la muestra colectiva New Images from Spain y Soledad Sevilla viaja a la Universidad de Harvard con una beca, lo que denota una normalización creciente de la participación de las artistas en eventos públicos, ferias y exposiciones.


La exposición muestra cómo las apariciones de las mujeres artistas en la esfera pública han sido consideradas como “baja cultura". En unos casos porque las productoras eran mujeres y, en otros, porque sus trabajos los consumían las clases populares. Así, la muestra reúne abundantes ejemplos de revistas ilustradas y de moda, portadas e ilustraciones para libros, diseños de telas, historietas y cuentos infantiles, juguetes o diseños realizados por artistas poco conocidas como Monika Buch o Milagros Lambert.