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Eusebio Sempere

El Museo Reina Sofía presenta, hasta el próximo 17 de septiembre, una retrospectiva del artista alicantino Eusebio Sempere. Su obra es el fruto de una continua y rigurosa investigación sobre la geometría y el movimiento, que se caracteriza, desde la composición y la forma, por una poética basada en el dominio de la línea, la luz y el color.

Esta exposición recorre tres décadas del trabajo de Sempere, desde 1949 hasta 1981, con una selección de 164 obras que incluye acuarelas, gouaches, relieves luminosos, collages, pinturas, móviles, esculturas y proyectos interdisciplinares y se completa con un apartado documental que ayuda a comprender y contextualizar su trayectoria artística.

El recorrido expositivo se inicia con un conjunto de acuarelas abstractas, realizadas entre 1949 y 1951; unas en la línea del cubismo tardío, a ejemplo de Braque; otras, siguiendo la estela poética y colorista relacionadas con la obra de Kandinsky y Klee.

Estas primeras tentativas abstractas dan paso a un trabajo más personal, que se inicia en torno a 1953 en París. Sempere toma conciencia de que la realidad debe ser abordada como poliedro, y no como superficie plana, mediante la tridimensionalidad, el juego óptico y el cinetismo. Así, en las siguientes salas del recorrido se muestran dos tipos de obra que plasman esta investigación del artista sobre el movimiento y la luz como material artístico. Por un lado, se presenta un amplio conjunto de dibujos a gouache sobre papel, y junto a ellos, se ofrece una selección de Relieves luminosos móviles.

En sus gouaches, Sempere desarrolla un concepto compositivo que deja fuera la perspectiva, todo es primer plano y las figuras geométricas se multiplican por el papel. Este conjunto de obras se puede agrupar según ciertas particularidades formales: en algunas de las composiciones, los círculos, cuadrados y otras formas geométricas aparecen colocados de una forma ordenada; en otras, las figuras geométricas se han multiplicado llenando todo el espacio pictórico, y parecen vibrar por el efecto de su estructura a base de finas rayas que alternan con planos de color; en otros dibujos, las figuras parecen rotar en el espacio provocando una fuerte sensación dinámica; y en otros, sobresale la sensación de inestabilidad de la luz, lo que facilita la idea de movimiento.

Los relieves luminosos móviles son un conjunto único de obras realizadas mediante planchas de madera pintada, láminas de plástico, bombillas y pequeños motores eléctricos. En ellos, Sempere experimentó con diferentes modelos compositivos, en un proceso encaminado a un mayor refinamiento formal. En algunas de estas obras, el primer plano se define por diseños ovales que aluden al dinamismo de las formas curvas activado por la luz que parece inspirado en la pintura de Kandinski; otros se basan en una estructura más estática y en un tercer grupo, el primer plano aparece perforado por un entramado de líneas que intensifican las posibilidades de la luz y la sombra y que siguen también, como los otros ejemplos, esquemas formales similares a los de algunos de sus gouaches.

El recorrido continúa con obras realizadas a partir de 1960 tras volver a España, en medio de un ambiente pictórico dominado por el informalismo. Comienza entonces una nueva etapa de su carrera, en la que el artista se esfuerza por centrarse en la pintura. Sempere siguió trabajando con gouache, en soportes de mayor tamaño y con una preparación que aportaba textura y rugosidad al fondo, e introdujo leves referencias figurativas, por ejemplo, al paisaje. Estas pinturas fueron también un ejercicio de desarrollo de su técnica compuesta en base a finas líneas de color nunca homogéneo, con una rica y refinada variedad de tonalidades que le permitió realizar obras en las que la vibración de la luz y su efecto espacial y atmosférico es determinante, como puede apreciarse en las tituladas Irene, Fiésole, o Simone, de 1962.

En 1964, Sempere viajó por EE. UU., donde conoció a Josef Albers, y su trabajo toma un nuevo impulso en su obra. Utiliza los mismos esquemas lineales, pero incorpora dos nuevos materiales: el cartón y el hierro. Durante un periodo corto e intenso Sempere realizó una serie de “collages”, un grupo de obras que requerían un minucioso recortado del cartón. Las composiciones con figuras geométricas se consiguen mediante un complejo entramado de líneas oblicuas o curvas que, a través de la interacción de figura y fondo y del reflejo de la luz, provocan un efecto inestable, móvil e irisado.

Esta interacción de planos sucesivos en profundidad, utilizada en los “collages”, es también la base de la realización de la serie de móviles en varillas de metal cromado o pintado que expuso ese mismo año en Nueva York. Los primeros móviles, de dimensiones modestas, no permitían la posibilidad de movimiento real, pues estaban sujetos por su base con unas varillas y el efecto dinámico de la luz solo lo podía provocar el desplazamiento del espectador. Pero desde 1965, cuando cuelga las pantallas de su parte superior con alambres, el espectador puede intervenir la obra alterando su configuración gráfica y el efecto de luz. La gran estructura Móvil de 1968, realizada en varilla de hierro con pan de oro, que abre una de las salas, se diferencia del resto de los móviles porque el movimiento se consigue con el desplazamiento horizontal de las pantallas, lo que permite una superposición total o parcial de los paneles.

Como consecuencia de su trabajo con los móviles metálicos, Sempere realizó una serie de estructuras de bulto redondo construidas a base de tubos de metal cromado que configuraban formas cilíndricas, cúbicas o poliédricas que, o bien las suspendía del techo, o bien las colocaba sobre una base giratoria. Se trata de una serie que reclama también la participación del espectador para lograr la variación de las formas y su centelleo luminoso.

Desde la segunda mitad de los años sesenta se van definiendo los elementos esenciales de su gramática pictórica madura, centrada en exclusiva en las formas geométricas. Una utilización meticulosa de líneas finísimas, muy matizadas y ricas de color es lo que define obras que aluden a los ambientes atmosféricos y a los colores de la naturaleza como Campo de mimbre
o Paisaje de junio, ambas de 1965, cuya síntesis, pura, bella y minuciosamente ejecutada, se consigue en obras de 1978 como Horizontes, El día, la noche, la tierra y el conjunto Las cuatro estaciones.

El componente exclusivamente geométrico dicta otros conjuntos de pinturas clásicas, definidas por la variación entre la raya fina y la más gruesa. Los cuadros titulados Cristalización, El reloj y Hexágono metamorfoseado por la luz, de 1966, Vibración amarilla del círculo de 1967, e Iluminación de tres círculos convexos, del año 1969, tienen su contrapunto en obras de la siguiente década como Rojo y verde, 1974, Cuadrados y círculos amarillos y Movimiento del cuadrado y del círculo de 1975. Paralelamente, surgen composiciones a base de líneas muy finas en tonos graduados sutilmente, ocres o grises, en los que la temática espacial se desarrolla de forma más intensamente cambiante. Las pinturas tienen títulos muy descriptivos como Efecto de movimiento giratorio en un círculo, de 1969, El triángulo y el círculo, de 1970, Dos triángulos opuestos o Superposición de la S, de 1975. La serie culmina en composiciones que trasmiten un aparente movimiento por la total vibración lumínica.

Sempere participó, además, en variados proyectos en los que buscaba la interacción del arte plástico con la música, la arquitectura, las nuevas tecnologías, la cibernética y la ciencia, lo que demuestra la riqueza de sus intereses artísticos. La idea de concordancia de las artes, de poesía concreta, musicalidad y objetivación, aparecen por ejemplo en su proyecto para la compañía IBM: una estructura móvil y luminosa sincronizada con la música y la poesía concreta, elaborada en 1969 por Eusebio Sempere junto con el músico Cristóbal Halffter y el poeta Julio Campal. En este contexto destaca también su participación en el Proyecto de música electrónica (1967), que realiza con el grupo ALEA de Luis de Pablo; en los “Seminarios de Análisis y Generación Automática de Formas Plásticas” del Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid (actual Complutense), en los años 1969-1972, de los que surgen algunas obras realizadas con computadora; y en las exposiciones Antes del Arte. Experiencias ópticas perceptivas estructurales, que organizó Aguilera Cerni en Valencia y Madrid en 1968.